El estudio que España acaba de hacer, y que Argentina no logró replicar

En Málaga se presentó hace unos días el primer estudio que pone cifras al turismo religioso en España. Lo elaboró ObservaTUR, con la colaboración de las consultoras ReiniziaT y Task-One, junto a IAG7 Viajes y la Junta de Andalucía. Se llama «Turismo religioso en España: un viaje al interior de un segmento en transformación», y su mérito central no es descubrir que el segmento existe — eso ya lo sabía todo el mundo — sino que alguien finalmente se sentó a medirlo.

Vengo insistiendo en esta serie con una idea: el problema del turismo religioso en Argentina y América Latina casi nunca es la ausencia de patrimonio. Es la ausencia de estrategia sobre un patrimonio que ya existe. Este estudio español agrega una capa que hasta ahora no había podido documentar con la misma solidez: sin medición tampoco hay estrategia posible. No se gestiona lo que no se cuantifica.

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Las cifras que España ya tiene

El estudio estima que entre 17 y 20 millones de españoles viajan cada año motivados, total o parcialmente, por la fe. Es una cifra conservadora: solo los doce templos y catedrales más visitados del país superan los 23,5 millones de visitantes anuales, según los datos que recoge el trabajo a partir de la Memoria de Actividades 2025 de la Conferencia Episcopal Española. (Qué es el turismo religioso: 5 claves del segmento que más crece)

A escala global, el turismo religioso mueve más de 300 millones de viajeros al año. Las proyecciones de mercado varían según la metodología — desde los 16.460 millones de dólares hacia 2026 si se cuenta solo la «fe pura» (peregrinación y práctica litúrgica), hasta más de 500.000 millones proyectados para 2034-2035 si se incluyen alojamiento, transporte especializado y gasto inducido. Europa concentra el 40% de ese mercado mundial, liderada por Italia, España, Francia, Portugal y Polonia. España, según las fuentes consultadas en el estudio, es uno de los tres grandes destinos mundiales del segmento, junto con Italia y Tierra Santa.

El país sostiene esa posición con un inventario que pocos destinos religiosos del mundo pueden exhibir: 78 catedrales y 3.161 Bienes de Interés Cultural gestionados por la Iglesia, 18 de ellos declarados Patrimonio de la Humanidad.

El multiplicador que nadie calculó del lado argentino

Lo que más me interesó del estudio no fue el inventario patrimonial — eso Argentina también lo tiene, en otra escala — sino los multiplicadores económicos que cita, porque son exactamente el tipo de dato que en la región casi nunca se produce.

Según recoge el estudio, la Conferencia Episcopal Española sostiene que cada euro que gasta la Iglesia para cumplir su misión devocional genera 1,65 euros en la economía nacional. . El Banco de España calcula que cada euro que gasta un turista genera un efecto arrastre que inyecta dos euros al conjunto de la economía. La Cátedra de Innovación Turística de la Universidad de Murcia, al cuantificar el impacto del Año Jubilar, estima un multiplicador de 1,655. Y un estudio de la Universidad de Málaga sobre la Semana Santa malagueña encontró que cada euro gastado directamente por las hermandades genera casi cinco euros en la economía local, con beneficio para más de 25 sectores distintos.

Con esos multiplicadores documentados, la Conferencia Episcopal Española calcula que el turismo religioso aporta casi un 9% al PIB turístico español y cerca de un 1% al PIB nacional.

Andalucía, la región a la que el estudio dedica un módulo entero, recibió 37,9 millones de visitantes al cierre de 2025. Solo la «industria cofrade» de Málaga generó 40 millones de euros en 2024, y el impacto total de su Semana Santa 2025 llegó a los 320 millones. Granada generó 141 millones de euros y 1.400 empleos durante su celebración de 2024, con un multiplicador de 1,9.

Ningún destino de turismo religioso en Argentina tiene, hoy, un número equivalente publicado. Hubo un intento: el Observatorio de Turismo Religioso Nacional (OTREN), impulsado durante la gestión del ex ministro Gustavo Santos con la Universidad Blas Pascal como socio académico, produjo informes propios y llegó a ser citado como fuente en materiales oficiales del sector. Pero el organismo no sobrevivió al cambio de gestión — y ese es, otra vez, el patrón que atraviesa toda esta serie: la falta de un mecanismo que sostenga el trabajo más allá de un funcionario en particular.

Cómo se mide una visita papal, en serio

Hay una sección del estudio que funciona casi como manual de metodología, y que me parece más valiosa que cualquiera de las cifras sueltas: la que construye una estimación del impacto económico de la visita del Papa León XIV a España, del 6 al 12 de junio de 2026 por Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife.

La Conferencia Episcopal Española ya confirmó que organizar el viaje costó al menos 15 millones de euros. Los organizadores hablan de un impacto económico que superaría los 100 millones, aunque el estudio aclara que esa cifra todavía funciona como referencia preliminar, sin metodología publicada. Por eso construye su propia estimación a partir de precedentes comparables: la visita de Benedicto XVI a Barcelona en 2010 (29,8 millones), la visita papal a Santiago de Compostela ese mismo año (entre 24,55 y 31,03 millones, según un estudio del Instituto de Estudios Turísticos de Galicia que separaba facturación turística, retorno mediático y recaudación fiscal), y sobre todo la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011, auditada por PwC, que alcanzó un impacto total de 354,3 millones de euros — con un dato que vale la pena subrayar: el 89,6% de los peregrinos extranjeros declaró intención de volver a España.

Con esos antecedentes, el estudio sitúa su propia estimación para la visita de León XIV entre 90 y 125 millones de euros. No es un número de marketing institucional: es una estimación construida separando gasto directo, efecto mediático y recaudación fiscal, exactamente como corresponde a un análisis serio.

Una validación que no esperaba

En el módulo dedicado a los actores del sistema, el estudio recoge algo que vengo sosteniendo en esta serie desde hace varias notas, sin haberlo visto todavía confirmado por trabajo de campo ajeno: los propios expertos entrevistados en España describen el turismo religioso como un ecosistema con tres actores centrales — la Iglesia, las Administraciones Públicas y las empresas turísticas — con roles diferenciados pero interdependientes. (El tercer socio que falta en la gestión del turismo religioso)

La Iglesia custodia el patrimonio y necesita apoyo en gestión. Las empresas privadas profesionalizan esa gestión y garantizan apertura y dinamización. Las Administraciones Públicas prestan apoyo institucional, ceden espacios y ofrecen financiación puntual. Y los propios entrevistados reconocen algo que también documenté con el caso de Salta y el contraste de Montevideo en una nota anterior de esta serie: el grado de coordinación entre esos tres actores sigue siendo limitado, y eso condiciona la consolidación del segmento.

Es la misma gobernanza tripartita que vengo describiendo como condición necesaria para el desarrollo del turismo religioso — confirmada, de forma independiente, por un estudio hecho del otro lado del Atlántico, sin ninguna relación con mi trabajo. No es que yo tuviera razón. Es que el patrón se repite porque es real.

España tiene, desde hace unos días, un estudio que cuantifica su turismo religioso: volumen de viajeros, multiplicadores económicos, infraestructura devocional, y una metodología para medir eventos extraordinarios como una visita papal. Argentina y América Latina, con activos de escala mundial — las Misiones Jesuíticas, Luján, San Nicolás, el propio primer Papa latinoamericano de la historia — siguen sin un trabajo equivalente.

El patrón que atraviesa toda esta serie sigue siendo el mismo: no es un problema de patrimonio. Es un problema de que nadie se sienta, todavía, a medirlo, coordinarlo y convertirlo en estrategia.

¿Tu destino, provincia u organismo tiene el patrimonio pero no los números para sostener una estrategia? Escribime.

Fuentes:

ObservaTUR, ReiniziaT, y Task ONE. Turismo religioso en España: un viaje al interior de un segmento en transformación. Estudio presentado en Málaga, 2026.